Editoriales

COP26: Una oportunidad que no podemos desaprovechar

Ph. Pixabay

Juan E. Notaro
Presidente Ejecutivo de FONPLATA - Banco de Desarrollo

Un viejo chiste que se recicla con frecuencia en el entorno político latinoamericano es aquel del líder que le dice a sus gobernados: “Ayer estábamos al borde del abismo. ¡Hoy hemos dado un paso adelante!”.

Desafortunadamente, cuando se trata de la amenaza que representa para el planeta el cambio climático, el precipicio es real. Sobre él nos advirtió hace unas semanas el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres.

“Estamos al borde del abismo, y avanzando en la dirección equivocada”, dijo Guterres al inicio de la Asamblea General de Naciones Unidas. Como el gobernante del chiste, ante la inminencia del vacío, el mundo parece dispuesto a dar el paso adelante.

O tal vez no. Apenas unos días antes de su sombrío vaticinio, el propio Guterres elogió en un evento virtual los esfuerzos que hace América Latina “en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la adaptación al cambio climático”.

En efecto, a pesar de estar lidiando con los efectos sociales y económicos de la pandemia de COVID-19, la región impulsa varias iniciativas para contribuir al objetivo de mantener el aumento promedio de la temperatura global por debajo de 1,5 grados centígrados.

La Iniciativa de Energías Renovables para América Latina y el Caribe (RELAC) y el Observatorio de Sistemas de Gestión de la Energía en América Latina y el Caribe, con el apoyo de fuentes de financiación climática, pueden ayudar a cumplir los objetivos energéticos y climáticos de la región.

Lo he dicho en otras ocasiones: no se trata únicamente de hacer lo correcto por el planeta, sino de que, efectivamente, estas iniciativas están generando nuevas oportunidades económicas y de empleo que le dan sentido a esta nueva economía “verde”.

Aunque el camino de la sustentabilidad sea el mejor para el planeta, además de ser rentable, ¿por qué la advertencia del Secretario General de Naciones Unidas? Porque tenemos que hacer más, mucho más.

Para empezar, tenemos que trabajar en opciones viables para los países que basan su economía en la extracción y venta de combustibles fósiles. Petróleo y gas seguirán siendo fuentes importantes de energía en los próximos años, pero es importante empezar a pensar en la transición.

¿Pero cómo proponer ese cambio a la región del mundo más afectada económicamente por la pandemia y a la que más sufre los efectos de los fenómenos meteorológicos acentuados por el cambio climático, a pesar de que produce una fracción mínima de los gases que provocan el efecto invernadero?

Según un reciente blog de Climate Investment Funds (CIFs), un mecanismo de financiamiento apoyado por cinco de los bancos de desarrollo más grandes del mundo y orientado a acompañar a los países en desarrollo a hacer esa transición, el cambio es posible.

Una transición hacia las energías renovables y la eficiencia energética, apuntan los expertos del CIFs “abriría alternativas de empleo de calidad a largo plazo tanto para los trabajadores informales como para los de la industria de los hidrocarburos, además de ofrecer los beneficios económicos y de sostenibilidad de una vía de descarbonización profunda”.

Además de abrir un camino a un desarrollo más equitativo y sostenible, recientes anuncios como los de China, Japón y Corea del Sur de dejar de financiar la construcción de nuevas plantas de carbón en todo el mundo, representan pasos concretos del mundo en desarrollo para avanzar hacia la reducción de emisiones.

Cuando en noviembre se reúna en Glasgow (Escocia) la Cumbre Climática de Naciones Unidas (COP 26), el resultado más probable será un gran compromiso global para acelerar esta transición hacia cero emisiones netas de carbono a la atmósfera.

Nuestros principales compradores de energía están cambiando, las grandes potencias mundiales acordarán apoyos, compromisos, y, lo más importante, financiamiento para nuevas fuentes de energía. Y, como dije unas líneas más arriba, es rentable.

Si a esto le sumamos que la transición a un mundo más limpio es también una oportunidad para una mejor distribución de la riqueza y una oportunidad sin precedentes de preservar nuestra rica biodiversidad, resulta muy claro que la COP26 es una oportunidad que no podemos desaprovechar.

Ojalá que así sea.

Texto publicado originalmente en la columna mensual de Juan E. Notaro en el Huffington Post.

16/10/2021